Antes de que se enturbiase su buen nombre, en Argentina el Premio Planeta a la mejor novela era lo máximo que un novelista podía aspirar. Se hablaba de un premio equivalente a los 40.000 USD y una gran cantidad de ejemplares impresos.
Al terminar mis exámenes de segundo año de la carrera de Comunicación Social en la Universidad del Salvador, y teniendo un verano por delante con absolutamente nada para hacer, se me ocurrió escribir un libro para presentarlo a concurso. Era el año 1991. Eran los años de "El Pozo", el taller literario autogestivo donde una docena de autores de veintipocos nos juntábamos a compartir lo escrito y lo que la vida nos iba poniendo por delante. Este grupo merece un capítulo aparte
Mis padres me habían regalado una Toshiba T1100 para mi cumpleaños el anterior invierno y allí, con determinación y valor (teniendo en cuenta las descargas eléctricas que daba la carcasa metálica del aparato si la tocabas descalzo) me senté a escribir "La escuela de los mentirosos". 238 páginas, me llevó unos 27 días terminarla. En un cuaderno Rivadavia de tapas beige iba anotando los progresos hora a hora, tratando de terminar un capítulo completo cada día.
En este estado de internación monstruosa, cada cinco o seis días me iba con todo lo escrito impreso en papel contínuo con impresora de carro hasta Belgrano (desde Banfield, tierra cortazariana para más datos) para que Natacha y Mara pudiesen leer, intentar descifrar y a veces corregir lo que iba vomitando en ese manuscrito.
Sí, fue un vómito. No por su calidad, sino por la voracidad con las que las palabras querían salir hacia la pantalla azulada. Bueno, la calidad era la propia de una novela escrita a trompicones por un posadolescente de 20 años.
Eso me hace caer en cuenta que pasaron casi 22 años desde ese entonces. No puedo decir que sienta que fue ayer, pero a veces me parecen cosas que le han pasado "a otro".
La novela estaba basada en un extraño lugar que podría haber sido Buenos Aires y a principios de los noventa. Al volver a esos borradores, una y tantas veces, me encontré con que, claro, en ese momento no existía ni el teléfono
móvil, ni Internet, ni los GPS; y
escribir con un procesador de texto era realmente un atentado al arte,
un atentado que yo perpetraba a diario. Me ponía unos walkman con orejeras de espuma de goma azul y escuchaba un cassette de Cocteau Twins que había que dar vuelta al terminar cada lado. Me encontré con todo lo que cambió el mundo, y mi vida, en este tiempo.
Con esa T1100 y ese reproductor de cintas Sony crucé todo un verano, tomando Tang de naranja y comiendo pan con mayonesa. El escritorio en mi habitación era una mesita plegable de camping y tenía una foto de Michelle Pfeiffer colgada en la pared.
Llegó el 31 de marzo de 1992, la fecha límite para la entrega de los originales en la editorial. Dos carpetas anilladas con un último capítulo terminado de escribir y sin corregir, que en una de las dos copias llegó a estar corrida la tinta del poco tiempo que le di a que se secara antes de que lo hiciese perforar. Salí de la editorial una media hora antes de que se acabase el plazo y la cantidad de originales que había apilados en la mesa de entradas me hizo un nudo en el estómago. Eran cientos.
Esperé con atención a que llegase la fecha en la que se comunicaban los ganadores. Y cuando el día llegó, supe que Alicia Steimberg había ganado con "Cuando digo Magdalena".
Una vez superada la desilusión natural de un chico de 20 años que se cree capaz de todo, me puse a trabajar en la novela sin saber mucho qué hacer. Dos de mis grandes amigas entonces editaron un libro de cuentos y yo me ofrecí a hacerme cargo de la prensa y comunicación, yendo a las radios, canales de televisión, diarios, a ver a la gente y llevarles en mano ese precioso librito.
Entonces llegó a mi casa un sobre de Planeta conteniendo instrucciones para que pasase a buscar los originales que había entregado para el concurso. Yo había puesto un par de pegotes de plasticola a propósito entre algunas páginas para asegurarme si habían llegado hasta ese punto del libro o lo habían descartado antes... Aunque la nota decía que si no pasaba antes de determinada fecha los destruirían, yo tenía gran curiosidad por saber hasta dónde había llegado el jurado a leerme.
Tenía que ir a ver a Juan Forn, uno de los editores más prominentes de la editorial en ese
momento, por el tema de este libro de mis amigas que yo estaba promocionando (y del que orgullosamente yo escribí la solapa). Entonces, una de mis compañeras de facultad, cuya abuela trabajaba en el mundo del cine, consiguió que Forn me recibiese.
Llegué con un nudo en el estómago, transpirando, vestido de negro de pies a cabeza, con una mochila roida, unos anteojos sin aumento y con la sensación de que iba a hacer una terrible travesura. Primero pasé por la oficina correspondiente a buscar mis originales y después me anuncié para ver a Juan Forn. Mientras lo esperaba, revisé las copias de mi novela: una de las dos había sido leída hasta el final, la otra sólo hasta la página 50. Su oficina estaba repleta de libros, carpetas, papeles, pero asombrosamente ordenada. No me dedicó mucho tiempo, pero el que se tomó fue más que suficiente para decirme algo que me sirvió toda la vida...
Yo puse encima de la mesa los dos ejemplares del libro que venía a dejarle y mientras conversábamos fui también apoyando sobre el escritorio mis dos manuscritos de "La escuela de los mentirosos". Forn había sido, por supuesto, miembro del jurado del premio ese año. Sin dejar de mirarme a los ojos, y viendo claramente el sello de la editorial en las carpetas azules que yo sostenía a su vista como quien no quiere la cosa, me habló de los libros de cuentos, de empezar a escribir tan joven, y cuando parecía que la charla había terminado, se levantó de su silla, me dio la mano y me dijo: "Cortázar nunca ganó un concurso literario, Bioy se encargó de destruir todos los ejemplares que pudo de su primera novela. Veinte años es muy joven para la historia que querés contar, hay que vivir mucho para escribir sobre cosas tan complejas".
Se me pusieron rojas hasta las orejas, hervía por dentro: el estúpido enojo de que te llamen y reconozcan inmaduro, tierno, poco experimentado.
Le agradecí y me fui. Indignado. Furioso. Y en el fondo, muy en el fondo, seguro de que todo lo que me había dicho era cierto.
Soy de digestión lenta. Recién en 2009, 17 años más tarde, recordando cómo había escrito el primer borrador, las palabras de Juan Forn cobraron verdadero sentido para mi.
¿He vivido en estos casi 42 años lo que necesito para contar esa historia? ¡Más me vale que lo haya hecho! Hoy empiezo con la tarea de corrección del manuscrito que reescribí hace tres años, al momento de buscar agente. Hoy me sumerjo en ese mundo sin celulares, sin redes sociales, sin blogs, y donde nunca para de llover.
PD: Acabo de ver el pronóstico y dicen que hoy llueve, y mucho. Lindo gesto el de la providencia.
Un escritor con una misión: la autopublicación de un libro decente antes del 31 de diciembre de 2013. Surfeando las olas.
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jueves, julio 4
miércoles, julio 3
T -181. El poder del boca-a-boca contra la basura electrónica
Cuando volví a Buenos Aires, después de casi una década viviendo en
Madrid, llegué con una mano atrás y otra adelante, sin poder aplicar
aquí aquello que hacía allí (mi experiencia como gestor cultural). El
camino del Yoga me había reportado muchos beneficios a nivel personal y
comencé a dar clases para ocupar mi tiempo, casi como quien dona su
tiempo al Universo. De a poco comenzó a volverse una actividad rentada
con más de 1.500 horas de clase dadas en poco más de año y medio. Llegué
a dar un curso de formación para profesores a base de recomendaciones y
trabajo duro.
¿Qué tiene que ver esto con publicar un libro en formato electrónico? Luego de mi primera semana de investigación sobre el formato digital empiezo a notar que quizás en medio de todo este desconcierto hay algo de democrático e implacable en el nuevo mundo editorial.
Empecé a buscar libros o artículos que me ayuden a comprender el mercado digital. Encontré prácticamente nada en castellano y muchísimo en inglés. Por supuesto que me decanté por el formato electrónico, porque sería un cruel contrasentido ir a dar con el libro perfecto para editar y vender ebooks en papel.
Abundan los libros en Kindle a 99 centavos de dólar de una media de 40 páginas que luego resultan ser refrito de varias entradas de algún blog (Dios me guarde de hacer yo lo mismo que hoy critico, me lo recuerdan) o desgrabaciones de un webinar (seminario dictado a través de la web). Muchos están plagados de errores de ortografía, o sobre prometen en su portada un contenido que luego resulta ser superficial, de dominio público o incompleto.
¿Cómo se yo esto? Porque desgraciadamente me los he leído a casi todos en estos últimos tres días.
Por supuesto que he aprendido mucho, y quizás no aquello que iba a buscar allí. Hago un resumen de lo que he recapitulado hasta ahora entre tanta basura digital:
- El líder total del mercado es Amazon. Sus leyes son las que rigen el mercado hoy tanto en Estados Unidos como en España. Venden enormes cantidades de dispositivos y libros electrónicos por doquier ¿Es una práctica monopólica? Sí. Tambien es cierto que el mercado se concentra a su alrededor, con lo cual es mucho más fácil vender allí que en cualquier otro sitio.
- El rango de precios de los libros más vendidos está entre 99 centavos y 4,99 (EUR o USD).
- Los superventas mezclan autores autopublicados con Dan Brown. En estos momentos, de los primeros 10 títulos en ventas la mitad son espíritus libres (no pertenecen a ninguna editorial).
- Se usa mucho la serie, el formato corto, las recopilaciones, la respuesta detallada a la pregunta concreta (en el caso de la no ficción) y la novela corta serializada con los personajes enfrentando infinidad de aventuras (en el caso de la ficción).
- El lector tiene el poder, buscando, calificando, propagando.
- Los derechos de autor a través del sistema electrónico pueden multiplicarse hasta por siete, gracias a la eliminación de intermediarios.
- En este juego del escritor convertido en el "chico para todo" tenemos a escritores que no saben maquetar su obra para este soporte, buenos libros con tapas horribles, tapas hermosas con libros pobres, y muchos escritores que no saben escribir.
- El sistema Amazon KDP Select (que da para un post en si mismo) permite promocionar libros a través de descargas gratuitas y el sistema de préstamo de los clientes premium de Amazon
Sucedió antes con la música y el video. Todas las industrias culturales sufren con la transformación nacida de la digitalización y la globalización
¿Cómo se elige entonces un buen libro electrónico para leer en este pifostio? Los lectores tienen el poder: las recomendaciones, las críticas, las estrellitas, el boca-a-boca.
¿Cuántos de los libros que finalmente leíste vinieron de la mesa de best sellers de una librería? A mi Harry Potter me lo recomendó una amiga en el año 99. Ella estaba explorando la escritura de los cuentos infantiles y había tenido el placer de descubrir a esta autora de quien nadie sabía nada (sí, Rowling). El Señor de los Anillos llegó a mi por recomendación de una tía de mi madre que no podía soltarlos. También así leí la saga Crepúsculo debo confesar.
¿Qué debo hacer entonces para tener máxima difusión con aquello que decida publicar? Ofrecer algo que la gente quiera recomendar. Y la única forma es hacer algo lo suficientemente bueno para despertar la atención de alguien que le guste tanto que quiera hablar de él ¿Cómo construye un escritor novel una base de fans? No te pierdas el próximo capítulo.
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lunes, julio 1
T -183. Empezar de nuevo. Cambia el mercado, cambian las reglas.
Estuve durante dos años y medio, casi tres en realidad, tratando con un agente literario para vender mi novela a una gran editorial. Si es que no escuchaste hablar de ella será porque esa operación no se concretó nunca.
Tuve la gran suerte de despertar interés de un par de agentes relevantes en España durante 2010. El año siguiente seguí con entusiasmo las negociaciones que terminaron siempre en "el libro nos gusta, pero no solemos publicar novelas tan extensas de autores noveles". Sí, PLUVIOPHILIA, mi novela, tiene el pequeño inconveniente de que llega casi a las 600 páginas y tiene una estructura que la hace muy especial, casi hipertextual. Es una novela atomizada de capítulos cortos, es decir: mucho papel y poca letra. Cortázar se salió con la suya hace 50 años, pero las pasó canutas para que le publicaran la bendita "Rayuela".
Al principio la comunicación con mi agente era fluida y esperanzadora, y con el tiempo decayó y se hizo más espaciada y amarga. Desde hace unos cuántos meses que ya no recibo ninguna comunicación. Hoy tuvimos un corto chat por Facebook para confirmar que lo que ya sabíamos podíamos ir reconociéndolo: ya no le resultaba ni tan interesante ni tan excitante representar este libro y a su autor. No porque el libro no valiese la pena, sino porque el mercado hoy está en otra parte ¿No me interesaba escribir no ficción? ¿Cómo iba mi práctica como terapeuta? ¿No estaba en condiciones de escribir un libro de Yoga o Psicología Transpersonal?
Toda esa corta charla podría haberme resultado desesperanzadora, y en cambio fue algo liberador. No es que sea masoquista o disfrute el derrotismo, es que ya venía sintiendo que el modelo al que me estaba aferrando había caducado. Volvamos a 2010. En el momento que salí a buscar agente, preparando un bonito kit en papel para hacer más atractivo a mi libro, aún el mercado se decantaba por su Lulu.com sería un fracaso o un éxito total, Kindle era una marca desconocida en la literatura en castellano y no existían las tabletas. Es como imaginarse cómo ha sido el mundo antes de que se inventaran los móviles o Internet.
Yo acababa de hacer un taller de seis meses de corrección de manuscritos y había aprendido mucho en el proceso, y había pulido un libro que brilló como nunca antes. Entonces decidí que esa novela que empecé a escribir en Enero de 1991 merecía ser rescatada y pasada a letra de molde. Sí, se me ocurrió rescatar un borrador con casi 20 años de antigüedad, y eso es material para otro post. No quiero desviarme de lo que te quiero contar hoy.
En ese momento, mis colegas y amigos me felicitaron por tan enorme éxito, y yo aún me quedaba pensando que lo mejor que podía aspirar era a quedarme con el 10% del precio de portada de un libro que sería costoso de imprimir y aún más costoso de promocionar. Mi agente me decía que sería razonable conseguir un contrato para una tirada inicial de unos 4.000 ejemplares ¿Hacemos cuentas? Te pido ayuda porque mi fuerte son las letras, no los números. Te invito a que te imagines el precio de portada del libro, el que quieras. No me lo digas ¿Ya está? A esa cantidad la dividimos por 10, que es el porcentaje que corresponde a los derechos de autor. El resto se va en impresión, marketing, editor, transporte, ganancia para la editorial por supuesto y demás. A lo que queda lo multiplicas por 0,85% para descontarle la comisión del agente. Y a ese numerito, lo multiplicas por 4.000. Eso, ese número, no me lo digas por favor, es lo que me hubiera llevado por adelantado al firmar el contrato y entregar el manuscrito. Luego, siempre que hubiera reimpresiones, podría llegar a llevarme algo más. Si es que eso llegaba a suceder.
Ese libro, este libro, que me desveló en más de una oportunidad, que había significado hurgar en mis propios fantasmas y amarguras, en mis sueños más profundos, me iba a dejar, si mi agente tenía mucho éxito, lo suficiente para vivir seis meses. Sí, soy frugal. Y esa es la alternativa de máxima, en la que no le pagas a nadie por representarte (que es lo que corresponde, no nos dejemos engañar) y en la que consigues un acuerdo con un pago por adelantado por una tirada importante para el tipo de libro del que estamos hablando.
Bueno, entonces PLUVIOPHILIA está a partir de hoy oficialmente libre ¿Qué sigue? Voy a autopublicar, en formato electrónico.
¿Por qué no en papel? Primero, paso de tener un depósito lleno de cajas de libros sin vender como muchos de mis amigos y colegas tuvieron durante años. Segundo, reconozco que sería casi antiecológico por el formato que elegí para contar la historia. Tercero, el mercado cambió y hasta mi madre lee en un dispositivo electrónico, y puedo quedarme entre el 35 y el 70% del precio de venta (contra el 10% del modelo tradicional), y puedo hacer que mucha gente lea mi libro, y para eso escribo, para que la gente lo lea.
¿Cuándo? Seguramente en 2014
¿Por qué tanto tiempo? PLUVIOPHILIA no pasó por las manos de ningún editor, sí por las de mi agente claro, y le falta el trabajo necesario para transformarse de manuscrito en libro.
¿Qué es esa cuenta atrás que aparece en el título del post? Tengo mucho que aprender sobre el mercado editorial y la autogestión y este blog será la bitácora de todo lo que hay que saber para poder publicar uno mismo, de aquí a seis meses. Si no llego con PLUVIOPHILIA, será algún otro título. O sea, de aquí al 31 de diciembre de 2013 buscarás "Lucas Casanova" en Amazon.com y encontrarás al menos un ebook con un precio muy económico con algo que valga la pena leer. Ese es mi desafío ¿Me acompañas?
Tuve la gran suerte de despertar interés de un par de agentes relevantes en España durante 2010. El año siguiente seguí con entusiasmo las negociaciones que terminaron siempre en "el libro nos gusta, pero no solemos publicar novelas tan extensas de autores noveles". Sí, PLUVIOPHILIA, mi novela, tiene el pequeño inconveniente de que llega casi a las 600 páginas y tiene una estructura que la hace muy especial, casi hipertextual. Es una novela atomizada de capítulos cortos, es decir: mucho papel y poca letra. Cortázar se salió con la suya hace 50 años, pero las pasó canutas para que le publicaran la bendita "Rayuela".
Al principio la comunicación con mi agente era fluida y esperanzadora, y con el tiempo decayó y se hizo más espaciada y amarga. Desde hace unos cuántos meses que ya no recibo ninguna comunicación. Hoy tuvimos un corto chat por Facebook para confirmar que lo que ya sabíamos podíamos ir reconociéndolo: ya no le resultaba ni tan interesante ni tan excitante representar este libro y a su autor. No porque el libro no valiese la pena, sino porque el mercado hoy está en otra parte ¿No me interesaba escribir no ficción? ¿Cómo iba mi práctica como terapeuta? ¿No estaba en condiciones de escribir un libro de Yoga o Psicología Transpersonal?
Toda esa corta charla podría haberme resultado desesperanzadora, y en cambio fue algo liberador. No es que sea masoquista o disfrute el derrotismo, es que ya venía sintiendo que el modelo al que me estaba aferrando había caducado. Volvamos a 2010. En el momento que salí a buscar agente, preparando un bonito kit en papel para hacer más atractivo a mi libro, aún el mercado se decantaba por su Lulu.com sería un fracaso o un éxito total, Kindle era una marca desconocida en la literatura en castellano y no existían las tabletas. Es como imaginarse cómo ha sido el mundo antes de que se inventaran los móviles o Internet.
Yo acababa de hacer un taller de seis meses de corrección de manuscritos y había aprendido mucho en el proceso, y había pulido un libro que brilló como nunca antes. Entonces decidí que esa novela que empecé a escribir en Enero de 1991 merecía ser rescatada y pasada a letra de molde. Sí, se me ocurrió rescatar un borrador con casi 20 años de antigüedad, y eso es material para otro post. No quiero desviarme de lo que te quiero contar hoy.
En ese momento, mis colegas y amigos me felicitaron por tan enorme éxito, y yo aún me quedaba pensando que lo mejor que podía aspirar era a quedarme con el 10% del precio de portada de un libro que sería costoso de imprimir y aún más costoso de promocionar. Mi agente me decía que sería razonable conseguir un contrato para una tirada inicial de unos 4.000 ejemplares ¿Hacemos cuentas? Te pido ayuda porque mi fuerte son las letras, no los números. Te invito a que te imagines el precio de portada del libro, el que quieras. No me lo digas ¿Ya está? A esa cantidad la dividimos por 10, que es el porcentaje que corresponde a los derechos de autor. El resto se va en impresión, marketing, editor, transporte, ganancia para la editorial por supuesto y demás. A lo que queda lo multiplicas por 0,85% para descontarle la comisión del agente. Y a ese numerito, lo multiplicas por 4.000. Eso, ese número, no me lo digas por favor, es lo que me hubiera llevado por adelantado al firmar el contrato y entregar el manuscrito. Luego, siempre que hubiera reimpresiones, podría llegar a llevarme algo más. Si es que eso llegaba a suceder.
Ese libro, este libro, que me desveló en más de una oportunidad, que había significado hurgar en mis propios fantasmas y amarguras, en mis sueños más profundos, me iba a dejar, si mi agente tenía mucho éxito, lo suficiente para vivir seis meses. Sí, soy frugal. Y esa es la alternativa de máxima, en la que no le pagas a nadie por representarte (que es lo que corresponde, no nos dejemos engañar) y en la que consigues un acuerdo con un pago por adelantado por una tirada importante para el tipo de libro del que estamos hablando.
Bueno, entonces PLUVIOPHILIA está a partir de hoy oficialmente libre ¿Qué sigue? Voy a autopublicar, en formato electrónico.
¿Por qué no en papel? Primero, paso de tener un depósito lleno de cajas de libros sin vender como muchos de mis amigos y colegas tuvieron durante años. Segundo, reconozco que sería casi antiecológico por el formato que elegí para contar la historia. Tercero, el mercado cambió y hasta mi madre lee en un dispositivo electrónico, y puedo quedarme entre el 35 y el 70% del precio de venta (contra el 10% del modelo tradicional), y puedo hacer que mucha gente lea mi libro, y para eso escribo, para que la gente lo lea.
¿Cuándo? Seguramente en 2014
¿Por qué tanto tiempo? PLUVIOPHILIA no pasó por las manos de ningún editor, sí por las de mi agente claro, y le falta el trabajo necesario para transformarse de manuscrito en libro.
¿Qué es esa cuenta atrás que aparece en el título del post? Tengo mucho que aprender sobre el mercado editorial y la autogestión y este blog será la bitácora de todo lo que hay que saber para poder publicar uno mismo, de aquí a seis meses. Si no llego con PLUVIOPHILIA, será algún otro título. O sea, de aquí al 31 de diciembre de 2013 buscarás "Lucas Casanova" en Amazon.com y encontrarás al menos un ebook con un precio muy económico con algo que valga la pena leer. Ese es mi desafío ¿Me acompañas?
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